La jornada empieza temprano.
En realidad tampoco tan temprano; a eso de las ocho y media, que no deja de ser una hora bien prudente para este sábado de enero que, tras breves intervalos de niebla, apunta temperaturas casi primaverales. Y allá que subimos unos cuantos... Coches,tractor, pala, remolque y un par de motosierras. Vamos recolectando la leña para esta noche.Al terminar, como la ocasión demanda, un almuerzo consistente, que la tarea ha sido dura.

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Sobre las siete y media de la tarde, se da fuego a la leña acumulada. En breves instantes el humo blanquecino inicial da lugar a unas llamaradas altas que van concentrando a los vecinos. Se suceden los saludos, los encuentros sin la premura de la prisa cotidiana, las palmadas, los apretones de manos, la sonrisas...
Los críos se acercan a la fogata, lanzan palos a las llamas, asustan con sus infantiles imprudencias a quienes los observamos. Otros, directamente, optan por pelotear o patinar en el pabellón deportivo contiguo.
Los que llevan viviendo en Tierz desde siempre me comentan que esta tradición, muy extendida en la comarca, se realizaba antes por calles, y que , incluso, existía rivalidad entre ellas por ver quién hacía la hoguera mayor. Como otras muchas tradiciones, su pervivencia ha estado amenazada; desde hace un par de años la actual corporación le ha dado un impulso esencial para que pueda mantenerse.
Sobre las nueve toca reponer fuerzas; comienza el reparto de patatas asadas y longaniza, para lo cual se ha contado con el horno del panadero del lugar. Un trago de vino, y a seguir la velada de confraternización vecinal.
