Aquí lo tienes ya, abuela


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Hoy, sábado 27 de julio, es una jornada muy especial para una familia. Hoy van a cerrar definitivamente una historia íntima de duelo.
Hoy, sábado 27 de julio, es una jornada muy especial para la familia del CRMAHU. Hoy ayudamos a esta familia a cerrar esta herida, como hemos podido hacerlo con otras. Hoy, más que nunca, recordamos también los rostros de los familiares a los que no pudimos ayudar por resultar infructuosa nuestra búsqueda.

Cementerio Huesca. Sala de actos laicos.11:00 horas.
La sala donde nos encontramos luce limpia, muy limpia; y desnuda, muy desnuda.
Unos bancos corridos (aún vacíos) y frente a ellos una pequeña caja marrón semioculta bajo una bandera tricolor y un ramo de flores. En la caja, los restos de Constantino Campo y, fuera de la sala, alrededor de cuarenta personas entre familiares, amigos, miembros del CRMAHU y personal técnico de ARICO.

Una vez dentro, y con la falta de protocolo que caracterizan estos actos republicanos en nuestra ciudad, toma la palabra Carlos, presidente del CRMAHU, para tras la ronda de bienvenidas y agradecimientos (con mención especial, la primera de muchas en el día de hoy, a los trabajadores municipales de cementerios. José Ignacio y Manuel de encuentran entre nosotros) reivindica este espacio laico y la necesidad de continuar ganando terrenos donde se cumpla la legalidad en cuestión de laicidad.

Toño, vocal de Memoria Histórica del CRMAHU, le sigue en el uso de la palabra. En muy breves y sentidas palabras viene a decir que en este acto entregamos a los familiares no sólo unos restos, sino el afecto profundo de los componentes de nuestra asociación, nuestro cariño y la certeza de que estos lazos permanecerán.

Sebas, nieto del homenajeado, toma la palabra y, con toda la serenidad que las circunstancias permiten, lee un texto. Texto que reproducimos a continuación en su totalidad.

" Hoy, por fin, después de 82 años, 5 meses y 27 días, asistimos al reencuentro de nuestro abuelo Constantino con su esposa Emilia.
Tantos años de silencio, dolor, trabajo y esfuerzo de nuestra gran abuela Emilia Arasanz Encuentra tienen hoy voz, alegría y descanso.

Hoy se va a encontrar con su querido esposo, Constantino Campo Arcas, que le fue arrebatado y ejecutado por el fascismo el día 1 de febrero de 1937, a los 39 años, dejando sóla a Emilia con 36 años y a sus seis hijos (Maruja, Carmen, Sebastián, Mariano, Luis y Antonio) huérfanos de muy corta edad, en la más absoluta de las miserias. Aunque ya no están con nosotros, al igual que cuatro de sus nietos, sí están aquí presentes en nuestros corazones.
Una vida difícil, de duro trabajo y esfuerzo para Emilia, que además crió a 8 de sus 14 nietos. Tuve el privilegio de ser uno de ellos.

- La pena es que no me enterrarán con mi marido - decía entre sollozos...
- Pues sí. Hoy, por fin, ese esposo, padre y abuelo vuelve contigo, querida abuela Emilia.

Quiero agradecer el apoyo recibido a mi querida Marisa, a Toño Moliner, a mi primo Andrés, a los trabajadores del cementerio, al Círculo republicano Manolín Abad, a los amigos de ARICO, a todos y todas los que estáis presentes y a los que han contribuido durante este tiempo a que esto se hiciese realidad.
Gracias de corazón"


Otro nieto de Constantino Campo, Andrés, cierra el acto. Aclara que no quiere verter una sóla lágrima. Que hoy es un día alegre, un día en el que brilla con más fuerza que nunca la dignidad de las personas que, como ésta, sufrieron el más cruel de los destinos.

Trasladado por sus nietos Sebas y Andrés, y acompañados por los asistentes, el cortejo memorial se dirige al nicho familiar donde espera el ataúd de la abuela Emilia, presto a acoger sus restos que irán acompañados de unos frascos conteniendo tierra de la fosa donde se intentó, por más de ocho décadas, secuestrar su recuerdo.
Acompañada la caja de restos por los trabajadores municipales, unos de ellos la abre para depositar delicadamente en el ataúd una bolsa de terciopelo negro donde se encuentra lo que el tiempo ha respetado de este hombre joven y vital.
Al pie de la hilera de nichos, los asistentes observando todo el proceso en un respetuoso silencio. Y las palabras de Sebas, ascendiendo hasta la recolocada lápida: Aquí lo tienes ya, abuela.


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