"Por eso estamos aquí. Porque querermos curar nuestras heridas de posguerra. Porque reiteramos que silencio impuesto no equivale a paz. Porque los políticos han de asumir
la incomodidad de este trabajo pendiente, sin refugiarse en la mediocridad de repercutir contra el voluntariado las tareas de recuperación de la memoria, ni atrincherarse en posturas conciliadoras y recovecos de una legalidad que no hacen sino perpetuar el atropello de unos y los privilegios de otros". |
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Sábado 5 de Junio del 2010: La Bolsa de Bielsa, 72 años más tarde |
Faltan cuatro horas para el acto de presentación de los libros "Tiempo destruido", de Víctor Pardo, y "Memorias de un anarquista de Angüés", de Martín Arnal. Lapso temporal que pasará volando en animada tertulia; ante un plato de huevos con jamón y con unos tragos de vino, como es menester. Y en el Refugio de Pineta, convertido en centro de descanso y avituallamiento. |
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Victoria Trigo, la moderadora y animadora de la presentación de los libros anteriormente indicados, es una mujer interesante. Escritora (*) multipremiada, militante de cuanta causa legítima se cruce en su vida, inquieta, vitalista, firme... |

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Del libro "Memorias de un anarquista de Angüés" hice ya la reseña correspondiente en su primera presentación, así que al lector interesado en el mismo me permito remitirlo a la página oportuna pulsando AQUí |
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(*) Con permiso de la autora, Victoria, reproduzco a continuación su relato corto "El Dragón de Komodo". ¿Cómo pueden expresarse en tan escasos párrafos tal cúmulo de sentimientos? Por Victoria Trigo Bello
Tú ya no ibas al colegio. Carlos, Gerardo y yo nos turnábamos para ir a tu casa a explicarte las lecciones para que no perdieras el curso, aunque quizás para entonces ya no hubiera esperanza en que retornaras a clase. Tú, tapado con una manta en el sillón, nos veías sacar los libros y cuadernos ilusionado, como si fuéramos titiriteros con sus cacharros de actuar, pues casi todos los días, después de leerte los temas de Ciencias, de Geografía o de lo que tocara, sisábamos tiempo para algún tebeo o para recortar algún barco de guerra. Tu madre nos daba de merendar torta o pan con quesitos y tú, a escondidas, nos regalabas tu vaso de Cola-Cao. "Este hijo mío cada vez come peor", decía tu madre, pero no lo decía enfadada como las nuestras cuando se quejaban de lo mal que comíamos la verdura o el pescado. Lo decía con la pena de que tú rechazaras un bizcocho, una chocolatina, un flan… Es decir, todo.
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