Objeción de conciencia: fig., negativa a realizar actos o servicios invocando motivos éticos o religiosos.(RAE, vigésimo segunda edición)

OBJETA, que algo queda
( A Fermín y Maite, con mi admiración y respeto)

23.12.2008
Objetar es un acto de valor personal, tergiversado y mal entendido por el poder que es cuestionado. Objetar es decir un NO sereno ante una realidad que se nos impone y que lesiona nuestras convicciones. Objetar es, muchas veces, el abrir nuevos senderos en el camino de los derechos civiles.

Mi primer contacto con la objeción fue a finales de los años 70 del siglo pasado; en aquella época de servicio militar obligatorio, con una democracia medrosa que aún tenía que sufrir algún susto importante, objetor de conciencia era sinónimo de Testigo de Jehová (llevaban más de una década comiendo rancho carcelero) o activistas seudohippies. Las organizaciones de izquierdas clásicas no querían saber nada de un movimiento tan incontrolable e, incluso, reprobaban su falta de disciplina interna y el caos organizativo del que hacían gala.
Lo que pasó con esa gente es conocido: se les permitió no incorporarse a filas a cambio de realizar una prestación civil sustitutoria; el sector más duro objetó también a esta prestación y adoptó el siempre atractivo (y más con veinte años recién cumplidos) nombre de INSUMISOS. Años más tarde la derecha española acabó con el movimiento de la forma más razonable: simplemente adelantó el final previsto de esa verguenza llamada servicio militar obligatorio, con lo cual dejaron de tener razones de existir y se diluyeron en la historia dejando tras de sí deliciosos ejemplos literarios de entrañable lectura a día de hoy (recordemos el "Abajo los muros de los Cuarteles") y murales de muy discutible gusto (baste recordar el uso que el MOC daba a los cascos militares).

La objeción de conciencia más extendida actualmente es la referida a la EPC. Me manifiesto con absoluta claridad en este tema: Un gobierno ha de ser MUY TORPE para sacarse de la manga una asignatura (OBLIGATORIA Y QUE "VALE PARA NOTA") que recuerda muchísimo a ese engendro llamado, otro acrónimo más, FEN que tuvimos que padecer tantas generaciones en este país. Muy torpe de verdad. Y aún más si, despreciando a los rebeldes a esta cacicada educativa, se permite amenazar a sus hijos e ignorar sus motivos. Algo similar ocurrió con los antimilis. Y ganamos; y ganamos todos, en realidad ...

Pero, al hilo de asignaturas caprichosamente impuestas, paremos un momento y ajustemos cuentas:
Hernani. Primeros años 70. Instituto de Bachillerato "Peñaflorida" nº 2. Había dos asignaturas brutales: FEN (Formación del Espíritu nacional) y EF (Educación Física); ambas, durante bastante tiempo, impartidas por suboficiales del cercano cuartel de Loyola. Sargentos chusqueros que compensaban su nula preparación para la docencia con unas dosis de mala leche increíbles. LLaveros y borradores de madera que volaban a la cabeza de quien se despistaba. Memorización sistemática de los componentes de instituciones políticas, el Fuero de los españoles, la familia, el municipio, el sindicato y las razones para la cruzada, la virilidad de la raza y yo que sé cuántas cosas más. Y, en EF, por supuesto, las chanzas a los gorditos, el insulto fácil sexista, la puñetera cuerda que había que subir, el potro, el plinto y la instrucción paramilitar . Eso sí, yo me libré de entonar cánticos azulajados.
Sí, recuerdo que eran asignaturas brutales, impartidas con métodos brutales. Asignaturas que eran impartidas por la veleidad caprichosa del ministerio complaciente del poder de turno o, simplemente, asignaturas cuyo fin natural (el desarrollo físico armónico) era prostituido.

Educar para la ciudadanía (o para la psicopatía social, o para el ascetismo, o para lo que sea) no se hace en el marco de una asignatura reglada y sometida a evaluación. Es una de las metas soñadas por sistemas educativos totalitarios y, afortunadamente, suele causar efectos justamente opuestos a los pretendidos. Y aún menos puede hacerse en nombre de la libertad.

Concluyendo: Al igual que en un post anterior expresé mi admiración por ese padre de Valladolid (¡Sí, vale, ya sabemos que detrás hay una organización laica!) que peleó por lo que creía justo, no puedo por menos que expresar ese mismo sentir por todos aquellos que , como Fermín y Maite, tampoco se callan (¡Sí, vale, ya sabemos que la Iglesia Católica apoya la objeción a la EPC!) y están dispuestos a pelear por lo que creen mejor para su hijo.
Y tampoco puedo por menos que expresar mi desprecio hacia los que frivolizan con el manido chiste de "Yo soy objetor a las matemáticas". Yo sé ,también esta vez, por quienes lo digo.