¿Educación vial? FATA L
(o de cortesías y volantes)

Desconozco si la Educación para la Ciudadanía (la tan traída y llevada EpC) entre tanta bronca acerca de si Federico Jiménez Losantos es facha ,o no, o si está impresa, o no, la palabra España en las ediciones autonómicas de los de siempre, incluye algún capitulillo referido a la educación vial. Una sección de la asignatura, algo así como "Educación para la travesía" uno de cuyos objetivos sea el conocimiento de las normas de cortesía básicas entre todos los usuarios de las vías públicas.

Entre la ciudadanía oscense, aún tenemos quienes, con gesto de complicidad, te confiesan que "un poco puesto, conduzco mejor"; quienes recorren (incluso en horario escolar) velozmente el Pasaje de las Miguelas como un atajo aternativo para evitar el semáforo de la rotonda de la gasolinera; quienes, sistemáticamente, violentan las zonas de carga y descarga; quienes utilizan el cláxon como elemento amedrentador del conductor que les precede; quienes emplean de manera sancionable el móvil mientras conducen; peatones que cruzan las calles por cualquier sitio (punto de observación inmejorable: Avenida de la Paz a la altura del colegio Santa Rosa); conductores de ciclomotores que hacen slalom de riesgo zigageando entre camiones ...
¡Pero si los hay, incluso, que conducen sin permiso o sin seguro!

Si hay normas de cuya exquisita aplicación y cumplimiento somos beneficiarios directos todos, éstas son las de circulación. Y no valen componendas ni matizaciones, puesto que su violación implica, cuando menos, riesgo directo para los usuarios de las vías. Y aquellos que las infringen (muchos de los cuales, en breve, pasarán de simples infractores a delincuentes) denotan con su actitud un desprecio evidente hacia el resto de la ciudadanía. Una descortesía que, me temo, pocas veces es sancionada como la normativa permite, afirmación que no supone reproche alguno para la policía municipal sino simple enunciado de una realidad.

No hay nada que me irrite más que llevar pegado atrás al típico cretino (no necesariamente un jovencito tuneado hasta el cráneo; muchas veces se trata de un encorbatado señor con todoterreno de 30.000 euros) que cree que ayuda a la fluidez del tráfico, a falta de látigo para fustigar,rebuznando por medio de su bocina.

No hay nada que me irrite más que volver a casa al anochecer , en un carril de velocidad limitada por proliferación de cruces y sentir en mi nuca la proximidad del triste que no guarda la distancia de seguridad y al que haré frenar en cuanto me desvíe a la derecha para acceder a mi localidad.Y encima me pitará.

Y no hay nada que me irrite más que escribir de este tema; es una labor extenuante. Extenuante porque no hay nada más cansado que explicar lo obvio. Y en el asunto del respeto a las normas de circulación sigue habiendo muchos aspectos que aún siendo evidentes, parecen precisar de explicaciones y más explicaciones, a ver si así, usadas casi como cargas de demolición, se consigue abrir un boquete por donde entre la luz en los cerebros atrofiados de algunos conductores y peatones. En este sentido, esta última campaña de la DGT, verbalmente violenta (los actores parecen estar a punto de poner fin a su texto con un buen puñetazo en los morros del interlocutor) me parece acertada. Mucho...

Y ahora que ya estoy suficientemente irritado, diré que la próxima vez que se aproxime a un paso cebra, no lo dude: ceda pacientemente el paso al peatón que lo precise. Y sin prisas, sin gestos de apremio ni mohínes de disgusto... Si no lo hace por cortesía, hágalo al menos por joder al imbécil adicto al claxon que le sigue.