15.12.2011.-La conferencia de esta tarde es presentada por Ángel Ramírez que recuerda que estos ciclos de conferencias continuarán en breve bajo el título genérico primero ("Miradas Críticas"). Tras ello presenta a Antonio Aramayona como profesor de filosofía y miembro de Europa Laica
Antonio Aramayona es un hombre de vocalización perfecta, de sentido del humor al que recurrirá en diferentes ocasiones a lo largo de su parlamento, de argumentación y exposición clara y, posiblemente, una de las personas a las que he visto utilizar el power point de manera más acertada.
Quien esperara en esta tarde un agitador pidiendo gasolina para incendiar iglesias, estaba equivocado. El conferenciante entona un discurso en el que el respeto a todas las creencias emana del derecho a la libertad de conciencia, un canto a la libertad religiosa como parte de la misma.Un discurso, en suma, coherente, razonado, sustentando en la Constitución Española y absolutamente alejado del anticlericalismos de otras épocas.
Comienza Antonio definiendo el Estado Laico como de todos, caracterizado por espacios , instituciones y representantes que, en el ejercicio de sus cargos, no tienen adscripción confesional alguna.
Por ello entiende que en un estado laico son rechazables la teocracia, el regalismo y la confesionalidad, y que este estado laico debe ser garante incondicional del ejercicio libre y en igualdad de condiciones de todos los derechos fundamentales y libertades cívicas de toda la ciudadanía.En ese sentido vuelve a incidir en la libertad de conciencia y, como consecuencia de la misma, la libertad religiosa.
Declara Antonio que es una falsedad relacionar laicismo con ateísmo ni con anticlericalismo. En un estado con esa característica cabe toda la ciudadanía. Si no fuera así, no merecería la pena ese estado.Y se desmarca de determinadas actitudes y expresiones (Queremos pan, queremos vino, queremos al Papa, colgado de un pino) que tan sólo sirven para que haya quien esgrima la excusa de una falsa persecución religiosa. El laicismo sólo puede conjugarse en clave positiva.No se busca prohibir procesiones; pero tampoco pagarlas con fondos públicos.
Como tampoco es de recibo, por ejemplo, que en la fiesta del Corpus el alcalde Toledo jure defender el dogma de la Purísima Concepción o que la máxima autoridad del estado confíe en los buenos designios de una figura religiosa, o que las FFAA tengan que tener un patrón/a al que se encomiendan o que continúen en espacios públicos símbolos religiosos. En este sentido se referirá a Belloch y su crucifijo en la sala de plenos. Hará también referencia a que, en el siglo XXI en Zaragoza, el hallazgo de un cadáver se comunica a alguna cofradía para, si es preciso, su inhumación.
Y, finalmente, en este punto expondrá el mayor error cometido por el estado español en estos últimos ocho años: equivocar no confesionalidad con confesionalidad múltiple o pluriconfesionalidad.
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