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Su madre, Montse, tuvo dos embarazos anteriores que no llegaron a buen fin. Cuando se quedó embarazada de Marc, los médicos le recomendaron reposo; y así lo hizo, procurando compaginar gestación y un ritmo algo menor en el trabajo administrativo que desempeñaba en una empresa de Barcelona del sector de la construcción. Sin embargo, recuerda ahora, apenas se movía Marc en su interior; excepto la ocasión en que (sonríe ampliamente Montse) Marc hizo un giro casi completo y se le encajó en un costado. Recuerdos de gestación a posteriori, puesto que aún hoy, no sabe Montse si el episodio de infarto cerebral se produjo antes, después o durante el parto.
Me cuenta su madre que Marc nació sietemesino. Que estuvo un mes en la incubadora y que tan sólo le informaron de que el pequeño tenía microquistes cerebrales. Continúa la peripecia vital de Montse y Marc con el descalabro económico de la empresa en la que trabajaba, con el incesante peregrinar de centro médico en centro médico buscando esperanza para el niño, con el empleo en un hipermercado porque el horario le permitía seguir atendiendo a su hijo, con la posibilidad barajada de haber emigrado a Cuba para buscar allí el tratamiento recomendado y, siempre, con los altibajos ilusión-desengaño que la situación de Marc provocaba.
En Febrero del año pasado se trasladan ambos a Huesca, en una situación personal nueva. Marc se integra perfectamente. Acude al colegio y realiza una vida absolutamente normal: estudia, juega, hace fisioterapia y refuerzo escolar en ASPACE y monta a caballo los sábados, en una actividad de equinoterapia que le ayuda a mantener un tono postural y muscular mejor.
Y parte de la normalidad en niño es crecer. La madre carga con él, sube escaleras, lo mueve... Marc apenas puede abrazarse a su madre con el brazo derecho; el izquierdo está anquilosado, si bien parece haber recuperado una cierta movilidad anteriormente. Las piernas siguen paralizadas. En ocasiones el objeto del amor materno de Montse es una pesada carga difícil de atender con la delicadeza que merece Marc; en ocasiones, actos cotidianos como acompañarlo al baño, asearlo o acostarlo son penosos ejercicios de fuerza que tan sólo la voluntad y el coraje de esta mujer, Montse, hacen posible aún a riesgo de lastimar al niño o de lastimarse ella misma.
Es evidente: Marc necesita una grúa. Para no lesionarse; para no lesionar...
Una grúa para MARC. Tu ayuda en CAI: 2086-0300-34-33-004527-27
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