En la siempre eufemística fraseología militar se conoce como daños colaterales aquellos producidos no por acción directa sino como consecuencia derivada del ataque a un objetivo previsto. Daños colaterales que se asumen como inevitables y que no hacen sino cubrir de deshonor a las tropas que las provocan.
También las acciones civiles contemplan en ocasiones (y con la misma frialdad, crueldad casi, que las militares) daños colaterales que parecen no importar a nadie. En el caso de esa monstruosidad que se llama Pantano de Biscarrués las afecciones medioambientales, climáticas y patrimoniales se han tratado ampliamente. Hay otras, las humanas, que tan sólo se mencionan de pasada pero que constituyen el eje del drama de cualquier ejecución megalomaníaca.
Parte de esos daños colaterales (de tan sólo tres semanas de vida alguno) se recogen bajo estas líneas.Hombres, mujeres y niños a los que uno se acerca sensibilizado por su drama, tan terrible y, a la vez, tan sencillo de evitar si se impusiera el sentido común.Gentes sin doblez a las que ofenden cuando los llaman insolidarios, como si ellos fueran responsables de una sed insaciable que tan sólo la imprevisión de quienes se dicen nuestros líderes y su incapacidad para desarrollar eso que han acuñado como lema de Expos (ya se sabe, la "nueva cultura del agua") han hecho posible.Sed que tan sólo se puede saciar desde el consumo responsable y el respeto al medio ambiente, y no anegando valles , uno tras otro, asesinando todo rastro de vida, animal o humano. Gentes hartas de que la demagogia de los de siempre falsee realidades para enemistarlos con otros.
En ocasiones hay que salir de los despachos, escuchar a los que sufrirán las consecuencias de una decisión errónea y, tras meditarlo, SER VALIENTES. Ser valientes hasta el punto de olvidarse de muy interpretables y discutibles concepciones del interés general (que no parece serlo tanto en esta ocasión), de enfrentarse a posibles presiones de sectores siempre cegados por intereses exclusivamente propios y, echándole un par que se dice por estas tierras, ASUMIR DECIDIDAMENTE LA DEFENSA de unas gentes y territorios que verán su identidad, presente, futuro y país anegados bajo aguas cenagosas.
Quizás sería una buena idea dedicar un rato a escrutar estos rostros que abajo se muestran, leer esas pocas líneas que se recogen y acercarse a La Galliguera. Pasear entre sus gentes, reconocer a algunos, charlar del futuro de la zona, acompañarlos en su cotidianeidad, bajarse hasta la orilla del río y hacer rebotar unas piedras en su superficie. Quizás sea mejor eso que dedicarse a tener funcionarios haciendo horas extra para denegar alegaciones que no debieran ser resueltas hasta que los técnicos responsables no tuvieran un conocimiento acerca de las realidades de la zona más allá de los mapas topográficos y/o las catas geológicas.
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Luis Gállego. 35 años. |
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Marta de Santos. 30 años. | ![]() |
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Beatriz |
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Lola Giménez. | ![]() |
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María (con Pirene y Tena).35 años. |
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Inés. 30 años. | ![]() |
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Gustavo Ortas (con Milio). 33 años. |
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Isidro López. 30 años. |
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Darío Crespo.36 años. |
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Adolfo. 37 años. | ![]() |
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Eva. 34 años. |
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Mamen. 35 años. |
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Mª Carmen Arbués (con Carla).44 años. |
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Francois Poirier (con Adrián). 55 años. | ![]() |
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Luis Evrard. 45 años. |
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Carlos Migliaccio.50 años. |
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