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Dicen que las penas matan |

02.04.2011.- Ontiñena. Entre el Cierzo, el Bochorno y el Morellano |
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Evaristo Cabistañ saluda y agradece la presencia del pueblo de Ontiñena y la de Adell. Rememora sus primeros contactos con la escritora, contacto que derivó para el presidente en una adicción lectora; confiesa que no pudo parar de leer hasta terminarlo y que lo primero que le dijo a Inma, tras ello, fue que debía escribir con la misma temática dos o tres más. |
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José Antonio Adell comienza su intervención señalando que hoy es un día histórico para Ontiñena. Hace una pequeña reseña de la escritora (vecina, ama de casa, trabajadora, escritora a base de robar horas al sueño...) a la que felicita por su trabajo. Afirma que ojalá hubiera muchas mujeres como ella en los pueblos, garantes de la memoria costumbrista e histórica. |
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"Con el paso del tiempo te das cuenta de que la vida la has compartido con muchas personas, la mayoría de las cuales estáis hoy aquí", comienza su emocionada intervención Inma Ferrer, que añade: "En el día de hoy siento, en principio, agradecimiento; agradecimiento a Evaristo y José Antonio por su apoyo; y a vosotros, por vuestra memoria oral, por vuestros recuerdos, por vuestras fotos, por vuestros documentos que han suplido la inexistencia de archivo municipal de la época, destruído en la guerra. Y a Mª José que ha sido una excelente colaboradora." |
En el pueblo se habían quedado con unas sesenta personas menos, casi todos jóvenes fallecidos por arma de fuego, más familias enteras exiliadas a Francia junto con una mayoría de hombres que por sus ideas tenían miedo a quedarse, todos ellos en dirección a lo desconocido, historias de amor rotas, mujeres que amaban a sus novios pero nunca regresaron, novios y maridos en un país que les era ajeno, hijos sin padre, casas desestructuradas, que al decir su nombre era hablar del patrimonio familiar, nombres que desaparecieron y "puertas cerradas". De nada sirvieron las lágrimas a causa del viaje que para muchos nunca fue de retorno, y que durante años conservaron el recuerdo de la última mirada a sus heredades, tierras del monte que la mayoría estaban yermas. |