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Sábado, 06.11.2010.- Paseando por la orilla del Gállego. En el Hostal de Murillo de Gállego hay actividad temprana. Marta se ocupa de recibir y controlar la lista de apuntados a la cita. Junto a ella, Ismael Sanz, que ejercerá esta mañana las labores de guía, apura los últimos tragos de café.
Una veintena larga de personas emprendemos la bajada a la playa fluvial, aula natural en la que se desarrollan las actividades previstas.
Tras presentar Ismael la asociación VoluntaRíos, inicia una breve relación de conceptos tales como "Río Natural", "Cadena Trófica", "Dinámica Fluvial" y "Corredores biológicos y ecológicos", relación imprescindible para entender el resto de la exposición.
Y, enseguida, a la orilla del río a capturar macroinvertebrados (los tropezones de esa sopa nutricional que es un río sano) y a observarlos con ayuda de la lupa adecuada. Mientras los más pequeños asoman sus cabecitas al curioso tesoro contenido en la cubeta, Ismael describe las características de esta fauna ayudado por una de sus láminas.
Y de macroinvertebrados (no haremos ningun chiste fácil con los zapateros; no vaya a ser que me multen) a ESPECIES INVASORAS. La tortuga de Florida, el cangrejo americano, el siluro, la gracieta de los alemanes con los castores y, por supuesto, el mejillón cebra. Al último dedicará buena parte de su tiempo Ismael quien no sólo incidirá en la amenaza biológica que representa sino también en la catástrofe económica inmediata, dada su capacidad para colonizar canalizaciones y obstruir filtros de conducciones.
Y del mejillón cebra, a las almejas de agua dulce autóctonas, prestando una muy especial atención a la "margaritífera auricularia", especie en inminente peligro de extinción entre otras cosas porque, para su desarrollo completo precisa en una etapa inicial el concurso del pez fraile (salaria fluviatilis; también llamado Blenio) a cuyas branquias se adhiere.
Pues bien, este pez no está tan extendido como antes, se ha visto comprometida su supervivencia por desecaciones y proliferación de especies invasoras y, además, su cría en cautividad no parece dar los resultados deseados. ¿Conclusiones? Evidentes. La espectacular margaritífera en más que obvio riesgo de desaparición.
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